Supongo que voy retrasado, cuando menos para mi generación. Tengo veintiuno años y en sexo no tengo demasiada experiencia. Ciertas pajillas con un amigo holandés a lo largo del Erasmus y ahora, con mi novia, follo solo en ocasiones pues ni tenemos lugar ni a ella semeja interesarle demasiado.Asimismo es cierto que la primera experiencia fue un tanto desilusionante. Tanto charlar de sexo y al final meterla tampoco fue para tanto.La cuestión es que me fui de vacaciones con mis tíos y mi primo de un par de años a una urbe de levante.Soy bastante sosegado y me lo pasé bien de playa y saliendo a cenar con mi familia. Por la calle había pandillas de jóvenes prácticamente siempre y en toda circunstancia chillando y medio borrachos y si bien me insistían en que saliese yo a entregar una vuelta ir por ahí, solo no me agradaba la idea. Conque pasaba las noches por el camino de la playa entre otros muchos cientos y cientos de familias.El piso era una planta 12 con unas vistas increíbles y solo estaba separado de la terraza anexa por un cristal translucido. Algunas veces, en dependencia del viento, se escuchaba a los vecinos, asimismo un matrimonio con un bebé.Una tarde leía en la terraza cuando se dibujó una silueta en el cristal. Era el vecino. Un tío algo más alto que que mido uno con setenta y siete, delgado si bien con una espalda ancha. Fumaba y lo que me hizo fijarme en él era que no dejaba de tocarse la entrepierna o bien al menos a esa altura.- Vete yendo que me doy una ducha y bajo en un rato- le oí decir. Su voz era muy grave a pesar de ser un hombre al que le gustaba el porno gay y parecía asimismo de algún distrito de la capital de España.Proseguí leyendo mas al unísono pendiente de la silueta. Me dio morbo estar a tan poca distancia sin que el tío supiese que observaba su sombra.Cuando volví a mirar se bajó el pantalón o bien bañador en tanto que la terraza tenía un frontal de cristal opaco hasta la cintura. Creo que estaba de espaldas y entre las piernas vi la sombra de un rabo medio morcillón que se agitaba de un lado a otro.A una parte de las duchas del gimnasio y del rabo de mi colega holandés, que tuve en mi mano para pajearle, pocos nabos más había visto. Ya no pude separar la vista.Se sentó supongo que dándome la espalda y todo cuanto veía ahora era como agitaba su brazo derecho. El cabrón se estaba pajeando. Prosiguió un rato hasta el momento en que su cabeza se echó cara atrás.Ya no tenía duda, aprovechaba que estaba solo en casa para meneársela.Se levantó con la mano derecha muy separada del cuerpo y desapareció de la terraza prácticamente al unísono que llegaban mis tíos de la playa que por poco me cogen empalmado con un bañador de esos de Speedo colorado. Debí irme corriendo al baño y me hice la segunda paja del día. Si bien follo poco, pajas me hago muchas.Prácticamente a las nueve fui corriendo al super a buscar dos garrafas de agua. Bajé por las escaleras corriendo y al plegar un rincón choqué con un señor que subía. Prácticamente me caigo de espaldas de no ser pues me cogió por los hombros y me sostuve estable. Era un tío de unos 35 años, con el pelo al uno y barba de un par de días. Las caían gotas de sudor por la frente y fragancia a tío se me metió en la cabeza tras el choque.- Vete cuidadosamente chico- me afirmó de malos modos. Yo le solicité perdón y proseguí algo abochornado. No pude eludir mirar a atrás y ver que llevaba unas zapas viejas con unas medias de futbol verdes enrolladas en los tobillos y unas mallas que marcaban su trasero. Justo entonces se viró y me volvió a mirar con un ademán serio.Me olvidé del atropello, volví del super y asistí a mojar al enano. Después lo acostamos y mis tíos salieron a cenar dejándome de canguro. Yo cené y me tomé una cerveza que había en la nevera que se me subió un tanto a la cabeza tal vez pues no acostumbro a tomar. Me senté reposadamente en la terraza a leer y del otro lado del cristal vi a la familia de al lado.Un rato después entré a oscuras en mi habitación a por el cargador del móvil y prácticamente me da un paro cardiaco cuando vi en la ventana de al lado las medias verdes del tío de la escalera. Era un patio interior y nuestras ventanas hacían esquina. Sin encender la luz, vi que podía llegar a ver una parte de la habitación y la cama de la otra casa. Sobre ella, la camiseta blanca, las mallas negras y unos slips blancos tirados a su lado.